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Ignacio de Loyola pasa en Salamanca unos dos meses durante el verano de 1527. Había pasado once años de su juventud en Arévalo (Ávila), desde donde habría visitado Tordesillas y Valladolid.

Su estancia en Salamanca tiene lugar después de su conversión en Loyola (1521), su profunda experiencia espiritual en Manresa, su peregrinación a Jerusalén y su estancia como estudiante pobre en Barcelona y Alcalá de Henares. Llega a Salamanca desde esta última ciudad, pasando por Valladolid, donde habla con el Arzobispo Alfonso de Fonseca.

No sabemos dónde se alojó; quizá en una posada no lejos de los Dominicos, o quizá en el convento de San Agustín.

Ignacio escoge un confesor dominico, que a los pocos días le invita a comer al convento, puesto que ya corren rumores sobre él. Según la narración del mismo Ignacio en su Autobiografía, después de un diálogo un tanto tenso con el subprior, queda retenido en el convento durante tres días, aunque come en el refectorio con los frailes y habla libremente con ellos.

Denunciado a la autoridad eclesiástica de Salamanca, a los tres días fue llevado a la cárcel diocesana, donde Ignacio es encadenado con otro compañero. Permanecerán en prisión 22 días, mientras dura todo el proceso.

El tribunal eclesiástico diocesano, establece que no le encuentran «ningún error, ni en vida ni en doctrina»; pero le prohíben determinar sobre pecado mortal o venial hasta que estudie otros cuatro años, lo que le impediría seguir dando sus Ejercicios. De modo que a los quince o veinte días de salir de la cárcel se fue de Salamanca camino de la ciudad París.

[Descargar “San Ignacio y la Compañía de Jesús en Salamanca” (pdf)]

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